En las últimas semanas se ha hablado en muchos periódicos de la decisión del Ayuntamiento de Barcelona de conceder nuevas licencias para la construcción de cinco hoteles en el barrio de Gracia.

Gracia es un barrio que ha sufrido, en los últimos años, una lenta y progresiva destrucción de su carácter popular, o sea su vida. Destrucción llamada ‘gentrificación’, elitización: la llegada del turismo de lujo, hipsters, inversiones y la desaparición de los habitantes.

La construcción de nuevos hoteles, en la mayoría hoteles de lujo –islas sin comunicación con la vida que discurre en el lugar– es un elemento importante en el proceso de aniquilación de la vida de un barrio. En el caso específico de Barcelona y Gracia, queremos analizar el acontecimiento yendo más allá de la crítica al turismo y a la gentrificación, a través del análisis de las voces y las palabras que han sido pronunciadas: por un lado los autores de los proyectos, por el otro las personas que habitan el barrio.

Para los inversores cínicos, que se trate de mercancías, clientes o sangre es indiferente

Entre los cinco nuevos hoteles destacan el proyecto para una nueva torre que sustituirá la actual sede del Deutsche Bank, en la confluencia entre la Diagonal y Paseo de Gracia –98 metros de altura, 23 plantas destinadas a un hotel de lujo, impulsado por la sociedad KKH Property Investors– y la transformación de un edificio antiguo en la popular plaza del Sol en un hotel de la cadena NH, con 18 habitaciones y piscina.

El proyecto de la nueva torre en la confluencia de Paseo de Gracia con la Diagonal será elaborado por Carlos Ferrater -profesor en la UPC, con proyectos al activo desde Arabia Saudí hasta China- y su estudio OAB. Carlos Ferrater ha contribuido -y está contribuyendo- a la realización de varios hoteles de lujo en Barcelona y tiene planeado un proyecto para un nuevo hotel de lujo en Ibiza. Además del Juan Carlos I (1992), es autor de los proyectos de los siguientes hoteles de Barcelona:

  • Avenida Francesc Cambó (en construcción, 2016 –KKH Property Investors– hotel de 100 habitaciones junto al mercado de Santa Caterina
  • Gran Vía 619-621 (en construcción, 2016 – KKH Property Investors compró el edificio para transformarlo en un hotel de cinco estrellas, 7000 metros cuadrados)
  • Calle Casp-Bruc (en construcción)
  • Mandarín Hotel (hotel de cinco estrellas en Paseo de Gracia, 2010)
  • Calle Córsega (en construcción)
  • Deutsche Bank (KKH Property Investors – Paseo de Gracia esquina Diagonal)

Si ponemos estos puntos en el mapa de Barcelona se puede ver como estas islas mudas trazan la geografía de un archipiélago que une el casco antiguo (ya exangüe, explotado como en un perfecto scientific management) a los barrios contiguos hasta llegar al Deutsche Bank, a Gracia. El archipiélago usa el Paseo de Gracia como un eje para desplazar a las mercancías –llamadas clientes– como en una cinta transportadora de una cadena de montaje, desde el centro desangrado hasta un barrio que todavía posee sangre fresca, perfecta para ser explotada. Para los inversores cínicos, que se trate de mercancías, clientes o sangre es indiferente.

Si miramos la web del estudio OAB, podemos leer -en la sección llamada ‘Ideología’-las siguientes palabras:

“Carlos Ferrater destila las ideas y los temas de su arquitectura con una precisión aforística; sin exhibiciones retóricas aísla el pensamiento que acompaña cada obra para expresarlo sintéticamente y con la máxima concreción. […] No se encomienda a la teoría sino a la descripción razonada de un procedimiento que en cada obra fija nuevos elementos de su búsqueda personal. La pregunta que hace la realidad a la construcción arquitectónica es el requisito previo indispensable para afrontar cada proyecto.”

¿Cuál es ‘el pensamiento que acompaña cada obra’ o ‘la pregunta que hace la realidad a la construcción arquitectónica’ que justifique la construcción de un hotel (más) de lujo en Barcelona –en la frontera con un barrio histórico– o en Ibiza –isla elegida por Walter Benjamin en los primeros años Treinta, isla meta de los hippies en los años Sesenta por su alma libertaria y su sensualidad? ¿Cuál pregunta hace la realidad– hecha de personas, vidas, historias- de un barrio que está siendo asaltado, en que el precio del alquiler de un piso de 50 metros cuadrados corresponde al salario mínimo interprofesional en España? ¿Cuál pensamiento acompaña este proyecto que no sea la miseria de los intereses personales y el cinismo de los negocios?

Si escuchamos las palabras pronunciadas por Carlos Ferrater en una de sus entrevistas presentes en youtube, podemos oír:

“La marca Barcelona ayuda […] una ciudad para las personas […]

Nosotros creemos que esa arquitectura que se ha hecho siempre en Barcelona, en esta ciudad, en Cataluña, tan basada en el programa, en la gente, en la organización social de los edificios, en el lugar, en lo vernáculo, en la tradición cultural de los lugares en los que trabajamos […] intentamos entender cuál es la tradición cultural de esos lugares y transmitirla al proyecto

una arquitectura […] basada en la organización social de los edificios”

Se hace, además, un uso continuo de las palabras ‘cultural’, ‘intelectual’. ¿Cuál es la tradición cultural del lugar (Gracia) que se transmite al proyecto de un hotel de lujo, propiedad de una sociedad de inversión que se dedica a comprar edificios, transformarlos en hoteles de lujo y venderlos a otras sociedades que los gestionen, sino un ejemplo del uso de palabras vacías y vaciadas de su significación para justificar proyectos que nada tienen que ver con la cultura o las preguntas de la sociedad?

Wayward Wandering | Plaza del Sol (2015)

Las reacciones a las nuevas licencias de las personas que habitan el barrio han sido intensas, como el grito de un animal herido: palabras escritas en la piel de los edificios, condensación de sentimientos nacidos hace tiempo, han aparecido en la plaza del Sol, culminando en la manifestación del 28 de febrero –organizada por la plataforma ‘Gràcia cap on vas?’– para criticar el asalto al barrio por parte de cínicas empresas constructoras, acompañadas por arquitectos obedientes y conniventes. El día de la manifestación terminó con la ocupación del local del antiguo colmado en el edificio de plaza del Sol –ahora propiedad de la cadena hotelera NH– para organizar una oficina de resistencia a la gentrificación.

Palabras densas, cargadas de emociones, escritas en las calles, las venas del barrio. Palabras contrarias han aparecido y desaparecido con la velocidad del viento, que silencia voces y gritos. En unas horas las palabras escritas en las fachadas de los edificios interesados desaparecieron –o mejor dicho dejaron de ser visibles– cubiertas con una capa de pintura, limpia, uniforme, educativa, como un gesto autoritario que silencia las anomalías. Ese celo en cubrirlas, esa voluntad de esconder, es el elemento que ha evidenciado su validez, su densidad, entre las mil palabras vacías –eslóganes publicitarios– escritas en los muros de la ciudad.

Palabras que podrían ser una razón para cuestionar el proyecto mismo, la ‘pregunta que hace la realidad a la construcción arquitectónica’ que Carlos Ferrater busca.

Protestas, frases, palabras que quieren comunicar. Palabras cubiertas con una capa de pintura, como deseos anulados con un gesto autoritario que crea fragmentos de insatisfacción, que cuando destallan en gestos aparentemente insensatos vienen definidos locura, insensatez. Capas de pintura que vemos aplicadas continuamente en los ámbitos llamados educativos, en los ambientes sanitarios, los asilos, los centros psiquiátricos, las cárceles y mil más.

Palabras densas que requieren una capacidad de escucha que ha sido perdida. La autonomía de pensamiento, la capacidad crítica, la capacidad de escuchar y escucharse, los exploración de caminos nuevos, la expresión de deseos indecentes, oscuros, obscenos, primordiales, viscerales son los primeros temas tratados por la educación obligatoria, o sea su total anulación o su aplicación como simulacro. Volver a recuperar la autonomía –la regla, νόμος, por y para sí mismos, αὐτος– el movimiento vital de los deseos, dejarlos salir en su indecente verdad, rechazar el vacío del cálculo cínico, su mutilación del vivir, ex-dūcere nuestro mundo vital, ése es el significado denso de la palabra educación.

Palabras vacías, palabras densas, inagotable vitalidad.


Artículo publicado en Periódico Diagonal, La Ciudad Viva

Fotografía [banner]: Wayward Wandering


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