Como en un cínico experimento tecno-científico en que se han excedido los límites –perdiendo la necesaria conexión con nuestra humanidad, nuestro ser en el mundo– el cuerpo yace inerte e inerme, indefenso hacia el cálculo de una mentes que han perdido conexión con el cuerpo mismo, de la misma manera Barcelona, un tiempo ciudad libertaria, está bajo asedio: por un lado los funcionarios –herederos del peor racionalismo y autores de una violencia nunca tan claramente planeada como en los últimos años–, por el otro los turistas, cuya inconsciente participación en el teatro del scientific management es cada día menos naïve.

El cuerpo de la ciudad agoniza cada día con más evidencia, los funcionarios –asistidos por bufetes de abogados que podrían ser los personajes de un cuadro de Grosz– maquillan el cuerpo inerte para esconder lo inocultable: su muerte.

El cuerpo muestra la verdad, acumulada con el tiempo, oscurecida, detenida a la espera de volver a la vida, a la espera de que el estado de excepción permanente vuelva a ser excepción. El cuerpo revela, la verdad se manifiesta, tarde o temprano, a través del cuerpo. La ciudad se envuelve paulatinamente en la nube densa del scientific management, una nube que difumina los contornos del pensamiento y otorga simulacros de seguridad y la certeza de la anestesia.

Urbanistas, expertos, administración juegan con los números, gráficos de cotizaciones, inversiones, contratos, desahucios, suicidios. Mientras tanto los llamados arquitectos de la ciudad, interesados en intervenciones quirúrgicas dignas de la palabra progreso, se convierten en los nuevos colonos disfrazados de artistas. Los administradores diseñan la barbarie moderna que Michael Löwy describe magistralmente, una barbarie que hace uso de la técnica y es consustancial a un falso progreso.

Uno de los proyectos arquitectónicos que en los últimos años ha interesado un lugar clave para la ciudad de Barcelona y la economía tradicional es la construcción del nuevo Mercat dels Encants, ubicado en el lugar de la ciudad que Cerdà concibió como el nuevo centro, la plaza de las Glorias. El mercado es un lugar en el que las personas han ido buscando objetos para darles una segunda vida, para respirar la existencia de otro tipo de comercio, o bien por no poder permitirse ser parte de la economía moderna. En los últimos decenios el mercado ha sido un lugar en el que era posible encontrar una economía otra –pasada y futura–, un lugar que nos depurara del aturdimiento de los centros comerciales. Era, por lo tanto, una isla en la que los náufragos del shopping podían encontrar reparo y olvidarse, por algunas horas, del mecanismo perverso de la economía moderna. Isla que era parte de un archipiélago regenerador –los comercios tradicionales, las actividades artesanales, lugares del saber de una τέχνη, lugares del lento depositarse del tiempo, nunca igual a sí mismo– en gran medida destruido por la LAU de 1994, cuyo inevitable y previsible efecto ha sido la muerte o agonía del comercio tradicional por mano de la economía de mercado.

Wayward Wandering | Mercat dels Encants (2015)

La intervención –cuya autoría se debe al estudio de arquitectura b720, fundado por Fermín Vázquez– consiste, como sabemos, en una cubierta que refleja la ciudad en el interior del mercado. Como afirma el estudio en su web, la cubierta ‘se convierte en un mecanismo de reflexión de la ciudad hacia el interior del mercado‘. El proyecto de Fermín Vázquez –quien afirma en su web que ‘produce arquitectura rigurosamente contemporánea’ (¿cómo se podría construir arquitectura no contemporánea?) y ha bautizado su estudio con ‘el número asignado por el sistema internacional de codificación de materias a la Arquitectura‘– refleja la ciudad, también contemporánea y muy codificada internacionalmente (en la peor acepción del término), en un mercado tradicional. Las imágenes que se reflectan representan una serie de elementos –semáforos, asfalto, carriles, aparcamientos, señales de tráfico, pasos peatonales– que hacen referencia a un sólo elemento sagrado: el automóvil. ¿Cuál símbolo es mejor representativo del scientific management, el taylorismo, el crecimiento, el mercado moderno que impregna la vida? Un mercado que difiere sustancialmente del mercado tradicional, en el que la τέχνη, el saber del artesano, la creatividad, la independencia, el reutilizar como agradecimiento a la naturaleza, la relación directa entre las personas son su esencia. La propuesta de una cubierta que refleja la ciudad en el interior de un mercado tradicional, esta ciudad –una de las infinitas maneras de concebirla– es un oxímoron que pone en evidencia la insensatez de la afirmación, la falta de una real reflexión acerca del significado del gesto, un gesto que amenaza el carácter de isla regeneradora del lugar, llevando la ciudad mercantil dentro de un lugar todavía perteneciente a un modus vivendi otro.

La agonía de la ciudad sigue. Sin embargo, como recuerda Ivan Illich, ‘todo lo que ha tenido un inicio tendrá un final‘.


Artículo publicado en Periódico Diagonal

Fotografía [banner]: Wayward Wandering | Flickr


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